Platicándome de sus historias desde niño, hasta la última noche, donde me hablaba de sus visiones, de su futuro donde siempre yo era partícipe.
Todo esto mientras yo no escuchaba con atención, todo mientras yo casi me dormía viendo su ancha espalda. Todo mientras comía un ajo para matenerse con vida y dedicarme más tiempo, tiempo que no aproveché, tiempo que nunca es suficiente para dejar de recordarlo, recordarlo como necesidad.
Extrañándolo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario